Si vives en Granada o cerca de la consulta, puedes elegir entre realizar tus sesiones de forma presencial u online, según lo que mejor encaje contigo en cada momento.
Ambas modalidades permiten trabajar con la misma seriedad, continuidad y confidencialidad. Lo importante es que puedas mantener tu proceso terapéutico de una forma cómoda, accesible y sostenible para ti.
Si vives fuera de Granada, en otra ciudad de España o incluso en otro país, también puedes iniciar o continuar tu proceso terapéutico de forma online.
Esta modalidad es especialmente útil para personas que se han trasladado por estudios, trabajo, Erasmus o cambios personales, pero quieren mantener un acompañamiento psicológico en su idioma, con un profesional de confianza y sin depender de la distancia.
Aprender a leer y escribir es un proceso complejo en el que intervienen diferentes habilidades lingüísticas y cognitivas. Algunos niños avanzan con mayor lentitud durante las primeras etapas de aprendizaje y terminan alcanzando un nivel adecuado con el tiempo. Sin embargo, cuando las dificultades para leer con precisión y fluidez, reconocer palabras, escribir correctamente o comprender textos persisten a pesar de una enseñanza adecuada, puede ser recomendable realizar una evaluación de dislexia.
La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje relacionada principalmente con la lectura y el procesamiento del lenguaje escrito. No está asociada a una falta de inteligencia, esfuerzo o motivación. Una persona puede presentar buenas capacidades generales y, al mismo tiempo, necesitar mucho más esfuerzo que sus compañeros para leer, escribir o realizar determinadas tareas académicas. Además, sus manifestaciones varían según la edad, el nivel educativo y las estrategias que la persona haya desarrollado para compensarlas.
En nuestra consulta de neuropsicología en Granada realizamos evaluaciones orientadas a conocer qué está provocando estas dificultades y cómo están afectando al aprendizaje. Analizamos el rendimiento lector y escrito junto con otros procesos relevantes para obtener una visión amplia del funcionamiento del niño, adolescente o adulto.
El objetivo de una evaluación no es simplemente poner una etiqueta, sino identificar con precisión las fortalezas y dificultades para poder orientar las medidas educativas, familiares y profesionales más adecuadas.
Valoramos cómo se realiza la lectura de letras, palabras, pseudopalabras y textos, observando aspectos como errores, velocidad, automatización y esfuerzo. Algunas personas leen correctamente, pero necesitan mucho tiempo; otras sustituyen, omiten o confunden palabras con frecuencia. Analizar estos patrones permite conocer qué componentes del proceso lector están generando mayor dificultad.
Leer no consiste únicamente en pronunciar correctamente las palabras. También es necesario comprender, integrar y recordar la información del texto. Una lectura muy lenta o laboriosa puede consumir tantos recursos cognitivos que resulte más difícil mantener el significado global. Por ello, evaluamos la comprensión teniendo en cuenta tanto el resultado como la forma en la que la persona ha llegado hasta él.
Las dificultades pueden aparecer también al escribir palabras, aplicar reglas ortográficas, organizar frases o producir textos. Durante la evaluación observamos el tipo de errores y su frecuencia para determinar si responden a un patrón compatible con una dificultad específica del aprendizaje o si pueden estar relacionados con otros factores educativos o cognitivos.
La valoración puede incluir habilidades como conciencia fonológica, memoria verbal, velocidad de procesamiento, atención o memoria de trabajo. Estas funciones ayudan a comprender por qué determinadas tareas resultan especialmente costosas y permiten establecer un perfil más preciso. No se trata de buscar una única puntuación que confirme la dislexia, sino de integrar el conjunto de los resultados con la historia escolar y las dificultades observadas en la vida cotidiana.
Las primeras sospechas de dislexia suelen aparecer durante los primeros cursos escolares, cuando el niño comienza a enfrentarse de manera sistemática a la lectura y la escritura. Puede costarle aprender las correspondencias entre letras y sonidos, leer con lentitud, confundir palabras, cometer numerosos errores ortográficos o necesitar mucho más tiempo para completar los deberes. A medida que aumenta la exigencia académica, estas dificultades pueden hacerse más evidentes porque la lectura deja de ser únicamente una materia y se convierte en una herramienta necesaria para aprender prácticamente todas las demás.
Sin embargo, no todos los problemas lectores significan que exista dislexia. Un aprendizaje insuficiente, dificultades lingüísticas, problemas de atención, alteraciones sensoriales, una escolarización irregular o determinadas circunstancias emocionales también pueden influir en el rendimiento. Por ello, en nuestra consulta realizamos la evaluación de dislexia en Granada desde una perspectiva amplia, tratando de determinar qué explica mejor las dificultades y qué apoyos necesita realmente cada persona.
La evaluación comienza recogiendo información sobre el desarrollo, la escolarización y la evolución de las dificultades. En niños y adolescentes hablamos con la familia sobre cuándo comenzaron a detectar los primeros problemas, qué observan durante los deberes, cómo ha evolucionado la lectura y qué información han proporcionado los profesores. También resulta útil conocer antecedentes de dificultades similares dentro de la familia, ya que la dislexia presenta un componente hereditario importante.
Nos interesa saber si el menor ha recibido apoyos anteriormente, qué estrategias han funcionado y cómo está viviendo emocionalmente las dificultades. Llevar años necesitando mucho esfuerzo para obtener los mismos resultados que otros compañeros puede afectar a la confianza académica y favorecer conductas de evitación. Por eso, la valoración debe comprender a la persona y no únicamente analizar sus errores de lectura.
La lectura se analiza mediante diferentes tipos de tareas porque una persona puede presentar dificultades en unos componentes y rendir adecuadamente en otros. Valoramos la lectura de palabras conocidas y menos habituales, pseudopalabras que obligan a utilizar las reglas de conversión entre letras y sonidos y textos de diferente complejidad.
Observamos la precisión, pero también la velocidad y el grado de automatización. Este punto resulta especialmente importante en estudiantes mayores y adultos. Con los años, algunas personas desarrollan estrategias que les permiten cometer pocos errores, aunque sigan leyendo con una lentitud considerable y necesiten un esfuerzo muy elevado. Si únicamente se analiza si las palabras se han leído correctamente, parte de la dificultad puede pasar desapercibida.
También estudiamos qué tipos de errores aparecen. Las omisiones, sustituciones, adiciones o vacilaciones proporcionan información sobre los procesos que pueden estar resultando menos eficientes. Estos datos se interpretan siempre teniendo en cuenta la edad y el nivel educativo.
La lectura y la escritura están estrechamente relacionadas, por lo que es habitual valorar ambas áreas. Podemos analizar escritura al dictado, producción espontánea, ortografía y capacidad para representar correctamente palabras de diferente complejidad.
Algunas personas presentan errores persistentes incluso en palabras utilizadas con mucha frecuencia, mientras que otras tienen especial dificultad para aplicar determinadas reglas ortográficas. En adolescentes y adultos pueden existir estrategias compensatorias que reducen los errores, pero a costa de dedicar mucho tiempo a revisar continuamente lo escrito o evitar determinadas palabras.
El análisis cualitativo resulta tan importante como el número total de errores. Nos permite comprender qué procesos están generando mayor dificultad y orientar posteriormente el tipo de intervención o apoyo que puede resultar más útil.
Una de las áreas que puede explorarse es la capacidad para reconocer y manipular los sonidos que forman las palabras. Identificar sílabas, distinguir fonemas o modificar mentalmente los sonidos de una palabra son habilidades relacionadas con el aprendizaje del código escrito.
También podemos valorar procesos como la denominación rápida o determinadas habilidades lingüísticas cuando resulta necesario. El objetivo es conocer si existe un patrón de dificultades relacionado con el procesamiento del lenguaje que ayude a explicar los problemas lectores.
Las características de la evaluación dependerán siempre de la edad. No tiene sentido utilizar exactamente las mismas tareas con un niño que está comenzando a leer y con un adolescente que lleva años utilizando estrategias para compensar sus dificultades.
Los problemas de lectura pueden coexistir con otras dificultades. Algunos niños presentan además problemas atencionales, dificultades de memoria de trabajo o alteraciones en otras áreas del aprendizaje. Estas funciones pueden incrementar el esfuerzo necesario para seguir instrucciones, comprender textos extensos o realizar tareas académicas complejas. Por ello, dependiendo del motivo de consulta, podemos ampliar la evaluación a diferentes procesos neuropsicológicos. Esto resulta especialmente importante cuando existen dudas sobre si los problemas se deben principalmente a una dificultad específica de lectura o forman parte de un perfil más amplio.
Por ejemplo, un niño con problemas importantes de atención puede cometer errores porque pierde constantemente el hilo de la tarea, mientras que otro puede mantener perfectamente la concentración y seguir teniendo dificultades específicas para decodificar palabras. Aunque desde fuera ambos parezcan “leer mal”, las necesidades de intervención pueden ser diferentes.
Una de las situaciones que más preocupa a muchas familias es observar que el niño dedica mucho tiempo al estudio pero los resultados no reflejan el esfuerzo realizado. En ocasiones comienza a evitar la lectura, protesta cuando tiene que hacer los deberes o afirma que no le gusta estudiar. Estas respuestas pueden interpretarse como desinterés cuando, en realidad, el menor lleva tiempo enfrentándose a tareas que requieren un esfuerzo desproporcionado.
La evaluación permite distinguir entre diferentes causas del bajo rendimiento. Tener dislexia no significa presentar dificultades en todas las materias ni poseer una capacidad intelectual inferior. Es habitual encontrar perfiles con fortalezas significativas en determinadas áreas y dificultades muy concretas relacionadas con el lenguaje escrito.
Comprender esta diferencia puede cambiar la forma en que la familia y el propio estudiante interpretan su rendimiento. Dejar de atribuir los errores a falta de capacidad o voluntad es un paso importante para establecer expectativas realistas y desarrollar estrategias eficaces.
Al llegar a la Educación Secundaria, algunos estudiantes han aprendido a leer con suficiente precisión y sus dificultades son menos evidentes. Sin embargo, pueden continuar leyendo lentamente, necesitar repetir varias veces un texto o dedicar mucho más tiempo al estudio. La cantidad de material escrito aumenta y las exigencias de autonomía hacen que las estrategias utilizadas durante Primaria dejen de ser suficientes.
En estos casos, la evaluación debe prestar atención a la fluidez, la comprensión, la escritura y el esfuerzo necesario para realizar las tareas. También exploramos el impacto emocional, ya que años de dificultades académicas pueden haber afectado a la confianza, la motivación o la percepción de capacidad.
Realizar una evaluación durante la adolescencia puede ser útil aunque las dificultades lleven tiempo presentes. Permite comprender el perfil actual y orientar las estrategias necesarias para afrontar etapas educativas más exigentes.
Las dificultades lectoras persistentes pueden tener consecuencias que van mucho más allá de la asignatura de Lengua. A medida que el niño avanza de curso, necesita leer problemas matemáticos, estudiar ciencias, comprender instrucciones y preparar exámenes mediante materiales escritos. Si la lectura continúa siendo lenta y costosa, cualquier tarea académica puede requerir mucho más esfuerzo.
Una evaluación profesional de dislexia en Granada permite conocer si existe una dificultad específica y diferenciarla de otros problemas que pueden presentar manifestaciones similares. Esta distinción resulta importante porque la intervención debe responder a la causa real de las dificultades. Aplicar únicamente más horas de lectura o estudio sin comprender qué ocurre puede aumentar la frustración sin solucionar el problema.
También existe una dimensión emocional. Algunos niños comienzan a compararse con sus compañeros y concluyen que son menos capaces porque necesitan más tiempo para leer o porque cometen errores que los demás parecen haber superado. Si esta situación se mantiene, pueden aparecer inseguridad, rechazo hacia las tareas escolares o pérdida de motivación. Detectar las dificultades y explicar correctamente su origen ayuda a construir una interpretación más justa del propio rendimiento.
En nuestra consulta de neuropsicología en Granada entendemos la evaluación como una herramienta para tomar decisiones. Conocer el perfil permite establecer apoyos, orientar a las familias y al entorno educativo y trabajar específicamente aquellas habilidades que necesitan refuerzo, aprovechando al mismo tiempo las capacidades conservadas de cada persona.
Creo en una psicología práctica, comprensible y eficaz. Por eso utilizo métodos contrastados —TCC, activación conductual, ACT, terapias de tercera generación y EMDR— que ayudan a avanzar desde las primeras sesiones. Explico cada paso para que la persona entienda lo que hacemos y por qué lo hacemos.
Más allá de las técnicas, para mí es fundamental la relación terapéutica. Trabajo desde la empatía, la honestidad y el respeto, ofreciendo un espacio donde la persona se sienta escuchada, acompañada y comprendida en profundidad.
Cada persona trae su historia, su ritmo y su forma de sentir. Adaptamos el proceso a su realidad, buscando no solo aliviar el malestar, sino también construir una vida más coherente con sus valores, sus necesidades y su propósito personal.
Mi meta es ayudarte a entender qué te ocurre, reducir el sufrimiento, fortalecer tus recursos y acompañarte para que puedas tomar decisiones más libres, recuperar bienestar emocional y avanzar hacia una vida más plena, estable y significativa.
Escuchamos qué te ocurre, desde cuándo sucede y cómo está afectando a tu vida. El primer paso es comprender tu malestar con claridad, sin juicio y con una mirada profesional.
Establecemos objetivos terapéuticos realistas y elegimos las herramientas más adecuadas para tu caso, combinando distintos enfoques psicológicos según tus necesidades, tu ritmo y tu contexto personal.
Te acompañamos durante el proceso, revisando los avances, ajustando el trabajo terapéutico cuando sea necesario y ayudándote a integrar los cambios en tu día a día para que puedas avanzar con mayor seguridad y bienestar.
Mi meta es ayudarte a entender qué te ocurre, reducir el sufrimiento, fortalecer tus recursos y acompañarte para que puedas tomar decisiones más libres, recuperar bienestar emocional y avanzar hacia una vida más plena, estable y significativa.
Escuchamos qué te ocurre, desde cuándo sucede y cómo está afectando a tu vida. El primer paso es comprender tu malestar con claridad, sin juicio y con una mirada profesional.
Establecemos objetivos terapéuticos realistas y elegimos las herramientas más adecuadas para tu caso, combinando distintos enfoques psicológicos según tus necesidades, tu ritmo y tu contexto personal.
Te acompañamos durante el proceso, revisando los avances, ajustando el trabajo terapéutico cuando sea necesario y ayudándote a integrar los cambios en tu día a día para que puedas avanzar con mayor seguridad y bienestar.
Algunas señales pueden aparecer cuando comienza el aprendizaje de la lectura: dificultad para asociar letras y sonidos, lectura lenta, numerosos errores, problemas para reconocer palabras habituales o dificultades persistentes de ortografía. Con el paso de los cursos puede observarse también una gran diferencia entre lo que el niño comprende oralmente y lo que consigue demostrar cuando debe trabajar con textos escritos.
Sin embargo, ninguna señal aislada permite confirmar una dislexia. Es necesario tener en cuenta la edad, el tiempo de aprendizaje, la enseñanza recibida y la evolución de las dificultades. Algunos niños simplemente necesitan más tiempo para consolidar la lectura, mientras que otros mantienen un patrón persistente que aconseja una valoración especializada. Si las dificultades continúan a pesar del apoyo educativo y afectan al rendimiento o al bienestar del menor, realizar una evaluación puede ayudar a comprender qué ocurre.
No existe una única prueba que permita detectar la dislexia. La evaluación suele incluir diferentes tareas destinadas a conocer cómo funciona la lectura y la escritura. Podemos valorar precisión y velocidad lectora, lectura de palabras y pseudopalabras, comprensión de textos, ortografía y diferentes habilidades relacionadas con el procesamiento fonológico.
Dependiendo del caso, también analizamos memoria de trabajo, atención, velocidad de procesamiento u otras funciones cognitivas que pueden influir en el rendimiento académico. La selección de las pruebas depende de la edad y del motivo de consulta. Los resultados se interpretan conjuntamente con la historia escolar, las observaciones familiares y el funcionamiento cotidiano; una puntuación aislada nunca debería utilizarse como única base para comprender las dificultades.
Las primeras señales pueden observarse durante las etapas iniciales del aprendizaje lector, aunque es necesario interpretar los resultados de acuerdo con el desarrollo y el tiempo de enseñanza recibido. No conviene esperar durante años si existen dificultades importantes, ya que una valoración temprana puede identificar habilidades que necesitan apoyo incluso cuando todavía no sea posible establecer conclusiones definitivas.
En niños pequeños podemos analizar factores relacionados con la adquisición de la lectura y realizar seguimiento de su evolución. Conforme aumenta la experiencia lectora, resulta posible valorar con mayor precisión si existe un patrón persistente. La decisión sobre cuándo realizar la evaluación debe depender de las dificultades concretas del menor y de su evolución, no únicamente de una edad fija.
No. La dislexia es una dificultad específica relacionada con el aprendizaje de la lectura y no implica una menor inteligencia. Una persona puede presentar capacidades cognitivas adecuadas o altas y, al mismo tiempo, experimentar dificultades significativas para automatizar la lectura y la escritura.
Precisamente por ello, algunas familias observan una discrepancia llamativa: el niño comprende perfectamente las explicaciones orales, tiene buenas ideas y resuelve determinados problemas con facilidad, pero presenta un rendimiento muy inferior cuando debe leer o escribir. La evaluación neuropsicológica permite comprender este perfil y evitar que las dificultades lectoras se interpreten como falta de capacidad general.
La dislexia no debe entenderse como una dificultad que simplemente desaparece al crecer. Con una intervención adecuada y la experiencia, la persona puede mejorar significativamente la lectura y desarrollar estrategias que compensen muchas de sus dificultades, pero algunos aspectos como la velocidad lectora o la ortografía pueden continuar requiriendo mayor esfuerzo.
Por este motivo, el objetivo no consiste únicamente en esperar a que el niño madure. Identificar pronto las áreas que necesitan apoyo permite trabajar sobre ellas y desarrollar estrategias antes de que aumenten las exigencias académicas. En adolescentes y adultos también puede resultar útil evaluar el perfil, especialmente si las dificultades siguen interfiriendo en estudios, oposiciones o tareas profesionales.
Después de completar la valoración realizamos una devolución en la que explicamos los resultados y su significado. Si encontramos dificultades compatibles con un trastorno específico del aprendizaje, planteamos orientaciones adaptadas a las necesidades de la persona. Estas pueden incluir intervención sobre habilidades lectoras y de escritura, estrategias de estudio, recomendaciones para la familia o pautas que faciliten el trabajo académico.
Cuando procede, el informe puede utilizarse para coordinarse con el centro educativo u otros profesionales. Las medidas concretas dependerán de la edad, las dificultades detectadas y la normativa educativa aplicable. El objetivo es que los resultados de la evaluación tengan una aplicación práctica y ayuden a que el estudiante pueda demostrar sus conocimientos sin que las dificultades lectoras condicionen innecesariamente todo su aprendizaje.
Cuéntanos qué necesitas y en qué momento te encuentras. Si estás buscando ayuda psicológica en Granada o cualquier otra parte de España, puedes contactar para resolver tus dudas, pedir una primera cita o valorar si este acompañamiento encaja contigo. Jose Jiménez y su equipo te atienden desde un enfoque cercano, profesional y adaptado a tu situación.
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